martes, 29 de septiembre de 2009

Arthur Rimbaud

Seguimos presentando a estos fantásticos locos que son los llamados "poetas malditos" hoy: Arthur Rimbaud

Sol y carne

¡Si volviera el tiempo, el tiempo que fue!
Porque el hombre ha terminado, el hombre
representó ya todos sus papeles.
En el gran día, fatigado de romper los ídolos,
resucitará, libre de todos sus dioses,
y, como es del cielo, escrutará los cielos.
El ideal, el pensamiento invencible, eterno,
todo el dios que vive bajo su arcilla carnal
se alzará, se alzará, arderá bajo su frente.
Y cuando le veas sondear el inmenso horizonte,
vencedor de los viejos yugos, libre de todo miedo,
te acercarás a darle la santa redención.
Espléndida, radiante, del seno de los mares,
tú surgirás, derramando sobre el Universo
con sonrisa infinita el amor infinito,
el mundo vibrará como una inmensa lira
bajo el estremecimiento de un beso inmenso...

El mundo tiene sed de amor: tú la apaciguarás,
¡oh esplendor de la carne! , ¡oh esplendor ideal
¡Oh renuevo de amor, triunfal aurora
en la que doblegando a sus pies los dioses y los héroes,
la blanca Calpigia y el pequeño Eros cubiertos con
nieve de las rosas
las mujeres y las flores su bellos pies cerrados


Reseña biográfica

Poeta francés nacido en Charleville en 1854.
Mostró desde pequeño un gran talento para la literatura. Muy joven
se trasladó a Paris donde trabó amistad con importantes poetas de la época, especialmente con Paul Verlaine con quien sostuvo una tormentosa relación amorosa que terminó dos años después a raíz de serias disputas entre ambos. De esta época datan las primeras publicaciones "El barco borracho" en 1871 y "Una temporada en el infierno" en 1873.
Su obra, de marcado tono simbolista, está profundamente influida por Baudelaire, por su interés en el ocultismo, en la religión y en la exploración sobre el subconsciente individual.
La vida licenciosa lo obligó a dejar por algún tiempo la poesía, viajó por Europa, se dedicó al comercio en el Norte de África y a su regreso a Paris en 1891 ya había sido publicada su obra "Iluminaciones" en 1886. Falleció en noviembre de 1891. ©

La madre de todas las batallas

La madre de todas las batallas se libra en el Senado de la Nación. La nueva Ley de Medios Audiovisuales pugna por salir del cascarón después de veintiséis años a pesar de la increíble campaña en su contra de los grandes medios y "la oposición". La consideramos la madre de todas las batallas porque se opone al monopolio del discurso, al mensaje único que manejan las cadenas formando nuestra subjetividad a su antojo. La diversidad de voces que posibilita esta ley puede contrarrestar, en gran medida, la cultura dominante del tener por sobre el ser. Y creemos que esta es la pelea fundamental si se quiere construir una sociedad igualitaria. Los medios funcionan como cadena de transmisión de los fundamentos capitalistas. Crean "verdades absolutas", "sentido común", es decir, imponen su cultura, su moral, sus valores (?), naturalizando una realidad que bien podría ser muy distinta. Nos hacen creer que las cosas son de una sola forma y que es "utópico" cambiarlas. Necesitan una sociedad domesticada para que consuma y no cuestione, para que acepte resignadamente la realidad impuesta.


Triste papel les cabe a los que se oponen a la ley. Máxime cuando sus propios proyectos eran más "controladores" y estatistas que éste. Realmente no tienen vergüenza cuando hablan en contra de artículos que existen también en sus proyectos. La única razón de ser que tienen es defender al grupo Clarín esperando su apoyo para las elecciones 2010. No los mueve ningún interés por la "libertad de prensa", de ser así, hubieran tratado la ley cuando fueron gobierno. O donde estaban estos 26 años? Quieren más tiempo para que Clarín embolse más dinero , esa es la triste verdad. Así de pequeña y mezquina es su pelea.


Lástima que nuestro entusiasmo con este gobierno en su lucha por la ley se vea opacado por la brutal represión en el desalojo de los trabajadores de Kraft (ex Terrabusi). Hay veredas que no se pueden cruzar. De todas maneras sabemos que este es un gobierno capitalista y cuando se discute el poder o la propiedad privada siempre estarán en la vereda de enfrente. Ese es el karma del peronismo. Necesitamos superar esta loza ideológica, por lo menos ampliándola hacia la centroizquierda, aunque es difícil bajo las balas de goma "progresistas".

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cuestiones generacionales

La escena transcurre en un lugar impensado para los dos, pero a veces la vida presenta estos pequeños vericuetos que de alguna manera nos hace sentir que "esos locos bajitos" hoy son hombres. Fue Salta, si Salta ,la linda ,imagino que los dos fueron por diferentes motivos, mi hijo mayor, de 28 años seguía al Indio Solari en su nuevo recital junto con sus hermanos, él desconozco sus motivos, se encontraron ahí en alguna calle de Salta. Mi hijo dirigiéndose primero lo saludo, luego le pregunto amablemente: "Digame, a usted le pagan por decir las cosas que dice o realmente las piensa?" a lo que el otro le contesta, acusando con un dedo: "usted me esta diciendo ladrón! yo no soy ningún ladrón, usted me ofende!" dio media vuelta y se fue. Hay muchísimas interpretaciones al respecto, se develaria facilmente revelando a los protagonistas, él que contesta irritado es un personaje publico, periodista,formador de subjetividad de varias generaciones de argentinos y complice ideológico de varios golpes de estado, sicario de todos los poderosos de turno con su tono de profesor universitario y siempre bien presentado ante las cámaras, con lenguaje meloso, hipnotizando a multitudes a traves de la pantalla con su discurso judeo-cristiano, bueno, explicación mediante de los protagonistas, me pregunto: en que palabra este personaje se sintió que le decían que había robado, porque para ser ladrón se tiene que robar no?
Digo, si uno tiene claro algunas cosas, no todas, solo algunas, la pregunta no es comprometedora si no puede decirse que si no hay nada que esconder se puede contestar con un, por ejemplo: "no, yo digo lo que pienso..." pero parece que este profesor hay cosas que no puede explicar, de todas maneras la nota viene a cuento que algunos pensamientos de los padres pueden ser mejorados por nuestros hijos, con categoria y delicadeza, dejándole bien en claro que su ideología es el dinero y que todo lo demás le chupa un huevo, estoy hablando de Mariano Grondona.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El Reloj


Seguimos con los poetas malditos, esos bellos seres cascoteados por una sociedad estúpida. Hoy: Charles Boudelaire.



¡Reloj! Dios espantoso, siniestro e impasible,
Cuyo dedo amenaza, diciéndonos "¡recuerda!"
Los vibrantes dolores en tu asustado pecho,
Como en una diana pronto se clavarán;

El placer vaporoso huirá hacia el horizonte
Como escapa una sílfide detrás del bastidor;
Arranca cada instante un trozo de delicia
Concedida a los hombres en su época mejor.

Tres mil seiscientas veces cada hora, el Segundo
Susurra "¡Acuérdate!" -Con voz vertiginosa
De insecto, Ahora dice: "¡Heme otra vez aquí
Ya succioné tu vida con mi trompa asquerosa!"

¡Remember! ¡Esto memor! ¡Pródigo, Acuérdate!
(Mi garganta metálica toda lengua conoce)
Ganga son los minutos, ¡oh, alocado mortal!
Y no hay que abandonarlos sin extraer su oro.

Acuérdate: es el tiempo un tenaz jugador
Que sin trampas te vence en cada envite. Es ley.
Decrece el día, la noche se aproxima; ¡recuerda!
Es voraz el abismo, se vacía la clepsidra.

Pronto sonará la hora en que el divino Azar,
O la augusta Virtud, tu aún intacta esposa,
O el arrepentimiento (¡Oh, esa posada última!)
Todo te dirá "¡Es tarde! ¡Muere, viejo cobarde!"

Charles Baudelaire, Las Flores del Mal.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Todas las voces todas

Cuando el gobierno nacional decidió hacerse cargo de las transmisiones de fútbol, millones de argentinos caímos en la cuenta de como funciona un monopolio. Asistimos sorprendidos a la caída de un imperio que se había adueñado de la alegría de los que amamos este noble deporte. Sus empleados, los periodistas deportivos, salieron "con los tapones de punta" a defender lo indefendible. Pero como la medida contaba con la simpatía de la mayoría de la población, pronto se resignaron. La rescisión del contrato significaba para el grupo Clarín, dueño del paquete, la pérdida del treinta por ciento de su producción. Clarín se encontraba al borde de un ataque de nervios.

Cuando la semana pasada la presidenta envió al Congreso Nacional el anteproyecto de la Ley de Medios Audiovisuales, el grupo estalló en ira. El "gran diario argentino" se transformó en un pasquín destituyente que da asco leer. Un ejército de "opositores" llenan las pantallas de TV denunciando la "ley K de control de medios", una ley que fue calificada por el Relator de Libertad de Expresión de la ONU como "un ejemplo para la humanidad". Ley discutida en más de veinte foros desarrollados en todo el país de los cuales surgieron los “21 puntos de la iniciativa ciudadana por una ley de radiodifusión de la democracia”. Ley, en fin, que, seguramente perfectible, viene a reemplazar nada más, ni nada menos, que a la Ley de Radiodifusión de la Dictadura más sangrienta de nuestra historia. ¿Hace falta otro argumento para votar con las dos manos iniciativa semejante? Para la gente honesta seguro que no. Para estos mercenarios que solo defienden los intereses del patrón de turno parece que nada los convence. No hay en el anteproyecto un solo párrafo que pueda interpretarse como de ataque a la libertad de prensa, sin embargo estos personajes repiten hasta el cansancio esas mentiras. El establishment se agrupa para defender los intereses del "libre mercado". La batalla ideológica está planteada desde el conflicto del "campo". Si algún "opositor de izquierda" aún no se avivó...

En el día del maestro

También podríamos agregar el derecho a que no les comamos la cabeza, a elegir su religión o nó en la adultéz, a que no les predeterminemos su vida, a que no los joda la policía, a elegir, etc. pero bueno, eso debemos construírlo entre todos. Feliz día para la profesión más linda de la tierra.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Las drogas como farmacopea del alma


Posteamos este artículo publicado en Página 12 del 6/9/09 porque nos pareció de lo más inteligente escrito hasta aquí, además por la gran cantidad de datos que aporta.


Por José Natanson

El éxito de las drogas radica en su capacidad ansiolítica en el marco de una sociedad altamente ansiógena como la contemporánea. En un mundo incierto, marcado por trabajos inestables y el temor a la inseguridad como trasfondo omnipresente, las drogas se consolidan como –en palabras del especialista francés Iban de Rementería– una farmacopea del alma: sirven para mantener la productividad en el trabajo, asegurar el reposo en el descanso y asumir el dolor en el duelo.

Si los cereales son la panacea de las culturas agrícolas (alimentos de fácil producción y asimilación) y si el azúcar y el alcohol lo son para el capitalismo industrial (calorías para trabajar), las drogas son el elixir de la sociedad posindustrial (reconstituyentes del alma). Y no es raro. Como señala De Rementería, cada época encuentra su instrumento de control social y político por excelencia: el control de la fe (en la Edad Media), el control de la sexualidad (en la Modernidad) y el control de las drogas (en la Era de la Razón).

Tolerancia cero
Lanzada en los ’60 por Estados Unidos como una estrategia global de combate a los estupefacientes, la guerra contra las drogas se basa en la idea de reducir el consumo mediante el control de la oferta. En Globalización, narcotráfico y violencia. Siete ensayos sobre Colombia (Norma), Juan Gabriel Tokatlian explica de manera sencilla pero clarísima el carácter quimérico de esta cruzada. El prohibicionismo, el enfoque en el que descansa la guerra contra las drogas, parte de la idea de que una represión perdurable y eficiente permitirá, en algún momento, extinguir el problema. En otras palabras, la ilusión de que será posible, tarde o temprano y por vía del combate frontal, lograr la abstinencia total.

Nada de esto ha sucedido, por supuesto. La guerra contra las drogas ha generado efectos sociales, medioambientales y de derechos humanos muy negativos. También produjo consecuencias políticas impensadas: la emergencia del liderazgo de Evo Morales no se explica sin considerar la brutal represión a los cocaleros del Chapare por parte de las fuerzas de seguridad boliviana asistidas por la DEA.

Pero para no entrar en estas discusiones pantanosas tal vez alcance con mencionar que la prevalencia del consumo de drogas se ha mantenido más o menos igual en los últimos años, pese a los redoblados esfuerzos guerreros. Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (Onudd), del total de población mundial de entre 15 y 64 años, solo el 5 por ciento consumió drogas en el último año (208 millones de personas). De ese 5 por ciento, solo el 0,6 adquiere un patrón problemático de consumo. La marihuana, la droga más difundida, es consumida por el 4 por ciento de la población mundial (unos 165 millones de personas), y hay alrededor de 16 millones de consumidores de cocaína y 24 millones de anfetaminas.

Y si el fracaso de la estrategia se hace evidente al repasar los números, lo absurdo de sus planteos se revela con unos pocos datos. Va uno: el porcentaje de adultos que consume tabaco es 5 veces mayor que el que consume drogas (25 por ciento de la población mundial) y sus efectos mucho más letales: se estima que cada año mueren por causas atribuibles a las drogas unas 200 mil personas, contra 5 millones que mueren por motivos asociados al tabaquismo.

Oferta
Las estadísticas del consumo no son las únicas que confirman la ineficacia de la estrategia de tolerancia cero; también las de la oferta. La producción de cocaína, tras el descenso experimentado luego del boom de los ’80, se mantuvo estable en los últimos años, a pesar de los enormes recursos destinados a combatirla. Lo mismo sucede con la de marihuana, en tanto que la producción de heroína y drogas sintéticas se ha incrementado. Pero lo más notable del análisis de la oferta mundial de drogas es su especialización geográfica en territorios con fuerte influencia político-militar de Estados Unidos. Afganistán produce el 80 por ciento de la heroína del mundo, el 60 por ciento de la cual se genera en la provincia de Helmand, en el sur del país. Los talibán, que en el pasado combatieron las plantaciones de amapola por motivos religiosos, aprendieron la lección y ahora las administran (y se benefician de ellas), lo que de paso demuestra que incluso las interpretaciones islamistas más fanáticas admiten cierta flexibilidad. El otro país en donde se concentra la producción es Colombia, que genera el 55 por ciento de la cocaína que se consume en el mundo y al que Estados Unidos destina 800 millones de dólares al año, desde hace una década, en concepto de ayuda militar y al desarrollo.

La marihuana, en cambio, se produce en prácticamente todos los países (alcanza con una maceta y un poco de sol). Hasta en Cuba, que combate las drogas con rigor soviético, es posible ver las plantas a la vera de algunas rutas.

Esto confirma la idea de que el problema pasa tanto por la oferta como por la demanda. Así como todas las culturas que han tenido acceso a ellas han consumido drogas, aunque siempre bajo algún tipo de control social, las sociedades actuales no son una excepción. Y no sólo por el poder de seducción y el valor de uso de la droga, sino también por un dato que a menudo se pasa por alto pero que vale la pena subrayar: su capacidad de generar ingresos para los sectores más pobres de la población.

Las drogas, en efecto, cumplen una función social. Si se analiza el conjunto del negocio, queda claro que los carteles (unos pocos) controlan la producción a gran escala, en tanto que los grandes narcotraficantes (también pocos) se ocupan del traslado mayorista. Sin embargo, es el último segmento, atomizado en miles de pequeños microtraficantes, el que se lleva la parte del león de las ganancias (el 57 por ciento del ingreso total según los número de Iban de Rementería, revista Nueva Sociedad N° 222). Ocurre que, a diferencia de lo que ocurre con los productos legales, cuya distribución se concentra en las grandes cadenas –de supermercados o ropa o lo que sea–, en el caso de las drogas es imposible, por motivos de seguridad, oligopolizar la distribución minorista, que recae en miles y miles de dealers individuales, en general pertenecientes a los sectores excluidos (es un negocio lucrativo pero riesgoso). Para usar una expresión de moda en tiempos K, las drogas contribuyen a la redistribución del ingreso.

En el mundo
Desde que en 1909 se firmó el primer acuerdo de la Comisión sobre el Opio de Shanghai, la normativa internacional en materia de drogas fue avanzando. La Convención Unica sobre Estupefacientes, firmada en 1961, prohibió la cocaína, los opiáceos, la marihuana y las drogas sintéticas (salvo para uso médico). Con el argumento de que el mercado de drogas es global y que, por lo tanto, su solución también debe ser global, las normas internacionales en materia de estupefacientes establecen una forma única de control aplicable a todas las sociedades. Ninguno de los países miembro de las Naciones Unidas puede aceptar el uso recreativo de las drogas mencionadas, y todos tienen la obligación de combatirlas.

Pero la Convención Unica deja algunos espacios grises, aprovechados por cada vez más países para flexibilizar el manejo del consumo y la tenencia de drogas (no su producción), mediante contrarreformas legales tendientes a la despenalización. En Portugal, por ejemplo, se admite la tenencia de dosis personales para hasta diez días (considerando como tal 2,5 gramos de cannabis y 0,2 de cocaína). Austria, por su parte, no considera delito la tenencia de 1,5 gramos de cocaína y 1 gramo de anfetaminas. Y lo mismo sucede –con variaciones en las cantidades admitidas– en España, Alemania y Australia, entre otros.

Uno de los casos más famosos es el de los Países Bajos, donde uno puede fumarse un porro en alguno de los elegantes coffee shops que prosperan por todos lados. Esto es posible gracias a una despenalización de facto del consumo y la venta –no la tenencia– de marihuana. La paradoja es que, como la normativa internacional no admite la despenalización de la producción, los dueños de los cafés deben comprar la marihuana que venden legalmente a clientes legalmente habilitados para consumirla en un mercado considerado ilegal (aunque no muy combatido).

Pero el caso más interesante es el de Estados Unidos. Como se sabe, en la patria de Obama el derecho penal, a diferencia de lo que sucede en la Argentina, es una atribución estatal. Esto genera una diversidad subnacional en materia de drogas mucho más amplia de lo que habitualmente se piensa. Desde que Oregon hizo punta en 1973, 13 estados despenalizaron el consumo o la tenencia de marihuana, y otros 13 aceptan su uso médico. El más importante es California, que en el plebiscito de 1996 aceptó las recetas médicas y donde hoy hay 200 mil personas con autorización para comprar marihuana en los cientos de dispensarios que la venden en el estado. Existen incluso máquinas expendedoras de porros: el paciente entrega la receta, se le toma una foto y su huella digital, y luego puede utilizarlas libremente. Como sostienen Tom Blickman y Martin Jelsman, del Transnational Institute de Holanda, esto demuestra que, mientras Estados Unidos exportaba su política prohibicionista al resto del mundo, no lograba imponerla internamente.

Junto a la tendencia a la despenalización, algunos países comenzaron a desarrollar en los últimos años políticas de control de daños, es decir medidas que no apuntan a frenar el consumo de drogas sino a morigerar sus efectos más perniciosos. En Europa, países como Alemania y Francia distribuyen jeringas gratuitas entre los adictos para prevenir el contagio de enfermedades, habilitaron centros de análisis químicos a los que cualquier persona puede llevar la drogas para que la testeen sin riesgo a ser detenidos y hasta crearon salas de consumo limpias y dignas. Además de los efectos positivos más directos, este tipo de políticas, bien implementadas, pueden abrir oportunidades de contacto con los adictos en pos de su recuperación.

Modernidad
La decisión de la Corte Suprema argentina de declarar inconstitucional una condena por consumo de drogas y el Plan Nacional de Drogas presentado al Gobierno por el Comité de Expertos avanzan en la misma línea de reversión del enfoque prohibicionista. No es el único caso en América latina. La Corte Suprema de Colombia emitió un fallo en el mismo sentido, duramente cuestionado por Uribe, Brasil entrega pipas de crack como parte de experiencias piloto de reducción de daños y el gobierno ecuatoriano de Rafael Correa adoptó una decisión audaz, de pura justicia, que levantó polvareda: el año pasado decidió indultar a tres mil personas, en su gran mayoría mujeres pobrísimas, detenidas por transportar droga al exterior (conocidas como mulas), siempre y cuando no tuvieran una condena anterior.

Desde luego, las políticas deben ser adaptadas a las particularidades de cada país, y es necesario estudiar cuidadosamene su viabilidad. Por ejemplo, una estrategia de reducción de daños debe tener en cuenta que en Argentina, al igual que en el resto de la región, el consumo gira alrededor de la cocaína, la marihuana y los estimulantes (prácticamente no hay heroína). En lugar de repartir jeringas, la venta legal de estimulantes más suaves podría evitar que algunas personas recurran a la cocaína. Finalmente, en Argentina como en América latina la cuestión de las drogas está cruzada, mucho más que en Europa o Estados Unidos, por los problemas de pobreza y exclusión, lo cual no impide desarrollar alternativas al enfoque de tolerancia cero, pero sí advierte sobre los riesgos de copiar las experiencias extranjeras en papel carbónico.